El Blog de Arqueritos

Ago 2017 · Visto 13368 veces

TRABAJAR LAS EMOCIONES EN LA INFANCIA

¿Por qué es importante trabajar las emociones en edades tempranas?

Las emociones son los motores y brújulas que orientan, conducen y dan dirección a nuestras vidas. Los seres humanos somos seres emocionales por naturaleza.

Cada emoción es una reacción a un estimulo, que puede ser intrínseco (desde nuestro propio organismo) o extrínseco (algo que viene de fuera: una situación, una persona, un contexto…) al que nos estamos adaptando.

No existen emociones positivas o negativas, tan solo reacciones corporales de placer o displacer en función de la emoción que estamos sintiendo. Cada emoción que sentimos nos proporciona una información valiosa para la que es importante saber regular y así tener una buena adaptación de nuestro organismo al entorno.

Si llegamos a entender a qué estimulo estamos reaccionando y qué emoción estamos sintiendo podremos adecuar nuestra respuesta.

La información que nos ofrecen las emociones es universal, los mecanismos fisiológicos ante el miedo, la rabia, la sorpresa son iguales en todos los individuos. Depende de la capacidad de regulación que tengamos podremos reaccionar de diferentes maneras ante un mismo estímulo.

 

Para entender a nuestros pequeños y poder trabajar la inteligencia emocional con ellos debemos tener en cuenta que el temperamento que tiene cada niño es diferente. La genética juega un papel importante que puede ir modelándose a través del ambiente. Por eso, debemos empatizar con ellos y comprenderles para poder trabajar de manera efectiva con cada uno de ellos.

 

En Arqueritos damos especial importancia al trabajo tan importante que conlleva la inteligencia emocional, al aprendizaje de la expresión de las propias emociones y la comprensión de los estados emocionales en uno mismo y en los demás, ya que resulta fundamental para todo ser humano el poder reconocer sus emociones para poder regularlas posteriormente. Para ello, es importante conocer la psicología evolutiva del niño y empatizar con él, trabajando desde el estadio de desarrollo en el que se encuentra y conociendo el contexto en el que se desenvuelve. .

 

Para comprender un poco este recorrido hacia la comprensión emocional del niño, os mostraremos un breve recorrido de la adquisición de las emociones:

 

Ya desde el momento del nacimiento, incluso los niños prematuros, pueden ejecutar todos los movimientos de los músculos faciales necesarios para producir las emociones básicas (alegría, rabia, tristeza, miedo, asco, sorpresa). Este repertorio de expresión emocional va enriqueciéndose progresivamente a lo largo del primer año del niño.

 

De las 0-5 semanas la interacción del niño con su mundo es principalmente defensivo y adaptativo, teniendo estados de alerta que nos ha marcado nuestra evolución.

Entre las 4-5 semanas existe un importante cambio en la orientación positiva del niño, es fácil provocarles sonrisas y ya encontramos complejos intercambios de expresiones con la madre o con su figura de apego principal.

A los 2-3 meses el niño ya tiene intención de comunicar. Encontramos entonces que tienen diferente comportamiento según interaccione con el progenitor, con otra persona o con un objeto.

De los 3-6 meses se ríen ante los engaños físicos (cucu tastas), en este periodo encontramos “proto-conversaciones” que son las expresiones de la madre que imita de su hijo y este se ve reforzado para la comunicación.

De los 3-9 meses paulatinamente el niño será capaz de discriminar expresiones faciales de las emociones básicas y reaccionar ante ellas a través de las neuronas espejo que todos poseemos.

A partir de los 9 meses, el niño está interesado en las metas de sus acciones, sus movimientos expresivos y sus propias expresiones. Se encuentra en un estadio en el cuál espera una respuesta ante sus acciones, ya sea mediante objetos o en la interacción con su entorno.

En el periodo de los 7 meses al año comienzan a experimentar reacciones de miedo hacia los extraños. En esta etapa ya tienen un vínculo de apego muy definido con las personas que cuidan de él o con las que tiene más relación. Por ello, siente una sensación de miedo al sentirse inseguro ante lo desconocido.

 

En el momento en que el niño gatea y comienzan los ánimos por parte del adulto a continuar con esa actividad, tienen sus primeras sensaciones de alegría-orgullo, miedo, frustración… derivadas de las actividades del gateo y de los progresos en su autonomía.

 

De los 12-36 meses se desarrolla la propia personalidad e identidad; defenderán sus pertenencias, probarán sus límites y se harán más independientes.

 

La percepción del mundo de los niños de estas edades es egocentrista, se ven a sí mismos como el centro del mundo. Son más conscientes de sí mismos y expresan nuevas emociones (celos, culpa, vergüenza). Sus emociones son usualmente muy intensas, pero de corta duración. Pueden pasar de tener una rabieta a estar contentos y alegres en cuestión de segundos.

En cuanto a las emociones secundarias (el orgullo, la vergüenza, la culpa, etc.) cuya aparición tiene mucho que ver con el carácter social y grupal del niño, aparecen de forma más tardía que las emociones básicas.

 

A partir de los 2 años ya encontramos niños que experimentan culpa, vergüenza, frustración en su cotidianeidad. Además también encontramos el principio de empatía (ponerse en el lugar del otro, intuir qué está sintiendo e incluso sentirlo por pocos segundos) si lo hemos trabajado anteriormente de forma adecuada. Pero se necesita un mayor desarrollo social y cognitivo para que esta experiencia de las emociones secundarias se encuentre acompañada de la habilidad de explicarla y conceptualizarla.

 

En Arqueritos creemos que la inteligencia emocional debe trabajarse desde el nacimiento, debemos tener en cuenta que las emociones nos van a acompañar durante toda la vida, y que es durante los tres primeros años de vida donde se introducen las bases de la personalidad futura y las habilidades sociales que se adquirirán posteriormente. En Arqueritos Introducimos la inteligencia emocional desde una edad temprana, ayudando al niño a identificar sus emociones, para ser capaz, posteriormente de regularlas, haciéndole consciente de su mundo emocional.

Para nosotros es muy importante empezar la inteligencia emocional en esta etapa y reivindicar su carácter educativo. Todo ello se consigue a través del cariño, la seguridad, la escucha, el apoyo, la empatía y el saber hacer. La  dedicación que nuestro centro muestra a los peques en todos los momentos del día.

 

“La emoción es el elemento que coordina y organiza los procesos cognitivos personales y el medio a través del cual la persona se comunica con su entorno”

Teoría de Golsmith sobre el temperamento.

 

 

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"La verdadera educación consiste en obtener lo mejor de uno mismo."

              

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